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Vivienda y accesibilidad en España

vivienda y accesibilidad en españa

Uno de los grandes problemas del parque de viviendas en España es la antigüedad, no ya porque ésta suponga un riesgo inmediato para la habitabilidad en sí, sino porque puede poner en jaque las posibilidades de acceso a la vivienda, en el más amplio significado del término, de un buen número de españoles.

La accesibilidad no es otra cosa que el grado en el que las personas pueden acceder a un servicio o lugar. En este caso nos interesa referirnos a este concepto asociado a la vivienda, a los pisos. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, en España hay alrededor de 3,9 millones de personas con discapacidad en mayor o menor grado.

Una medida indispensable

De acuerdo con los datos del Observatorio de la Accesibilidad de Cocemfe, para el 10% de la población española la accesibilidad es indispensable y para un 40% necesaria. El 20% de los hogares españoles tienen, al menos, un ocupante con discapacidad. El problema suele surgir con aquellos inmuebles que tienen más de dos décadas y media. Por poner un ejemplo, en la ciudad de Madrid, el piso “medio” es de 98 metros cuadrados y una antigüedad media de 38 años.

Para empezar, los accesos de uso general de la vivienda deberían estar adaptados para su uso por personas con discapacidad, instalando rampas para el tránsito de sillas de ruedas y, si fuera necesario, salvaescaleras y plataformas elevadoras. Tanto las puertas del ascensor como los accesos a la vivienda y pasillos de la misma deben ser del ancho suficiente. Se estima que una anchura de pasillo de 1 metro 20 centímetros permite la perfecta maniobrabilidad de cualquier silla de ruedas.

Además, a la hora de situar enchufes, interruptores de la luz y demás elementos similares, hay que considerar que la altura que alcanzan las personas en silla de ruedas oscila entre el medio metro y el metro cuarenta. Es necesario que en ciertas estancias de la casa (baño y habitación especialmente) se instalen agarraderas metálicas para facilitar que los ocupantes puedan abandonar la silla con más facilidad. Estos asideros, al igual que las superficies de trabajo (mesas, cocina, lavabo…) deben estar a unos 70-80 centímetros de altura.

Del mismo modo es necesario que los desniveles que haya en la vivienda, al igual que en el caso del acceso general a la casa, se salven con rampas en lugar de escalones, por poco pronunciados que estos sean.

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